Los bancos, las tarjetas de crédito, las tiendas departamentales… todos usan su capacidad y sus servicios financieros para ganar dinero a nuestra costa. A veces mucho, otras veces unos pocos euros, pero al final quien lo paga siempre somos nosotros.

Desde hace muchos años me negué a seguir pagando a intermediarios que no lo merecen. Comisiones abusivas sin un trabajo a cambio no van conmigo.

Ya sabes, me considero una persona con fuertes principios y que no suele dejarlos de lado, por lo que cuando observo que alguna empresa intenta aprovecharse de mi más de lo necesario suelen ocurrir una de estas dos cosas:

  • Busco la manera de evitar las comisiones, si es necesario uso la ingeniería financiera para ello.
  • Dejo de utilizar el servicio y me aseguro de que sepan el porqué.

Por supuesto no estoy hablando de aquellos servicios que me aportan a conseguir mejor calidad de vida y que uso a diario. Éstos sin duda deben cobrar por ello y los pago más que encantado, ¡faltaría más!

Una historia que me abrió los ojos ante los usureros

Echo la vista atrás y me veo con 18 años yendo al banco a hacer un traspaso de dinero a la cuenta de un amiguete, creo que porque me había comprado un videojuego o algo así y quería depositarle lo que le costó.

Recuerdo que era la sucursal del banco «La Caixa», tan solo había una oficina en el pueblo donde vivía aunque disponía también de muchos más bancos a mi alcance.

Mi dinero estaba en su poder desde que tenía 13 años que me abrí una cuenta joven con ellos, creo que el beneficio era que me daban un carné o algo así… no me hagas mucho caso.

Entro a la sucursal y le digo a la señora de la ventanilla lo que necesitaba:

«Hola, buenos días. Quiero traspasar 2.500 pesetas a la cuenta de otra persona por favor.»

«Por supuesto, ¿la cuenta es de este mismo banco?» ⏤ me respondió.

«Sí, es de La Caixa…» ⏤ yo sabía que las transferencias entre bancos tardaban bastante por aquél entonces además de tener comisión añadida, por lo que le pedí a mi amigo poder ingresarle en ese banco específicamente.

«Pues si me dejas tu identificación para encontrar tu cuenta lo podemos hacer ahora mismo. Esta operación tendrá un coste de 50 pesetas por hacerlo en ventanilla.» ⏤ me soltó de golpe.

«Un segundo, ¿cómo? … No, no me ha entendido, la cuenta es de este mismo banco.» ⏤ mi cara debía ser un poema.

«Desde hace unos meses algunos servicios en ventanilla tienen una pequeña comisión, como hacer traspasos de dinero entre cuentas de distintas personas.»

«Pero eso no me lo han avisado nunca, además tengo una cuenta joven que no tiene ninguna comisión.» ⏤ con lo poco que me gustan a mí las discusiones…

«Sí, respecto a eso, como ya tienes 18 años ya deberíamos estar cobrándote un mantenimiento de cuenta cada mes, pero hasta que no cumplas los 19 no lo haremos.»

En este momento mi cerebro iba a mil por hora. Básicamente la señora me estaba diciendo que me iba a cobrar por tener mi dinero con ellos, que me iba a cobrar por traspasar 2.500 pesetas entre cuentas de su mismo banco, y que debería estar agradecido por ello. Esto me encendió y contraataqué.

«Ahí puede ver como desde los 13 años tengo cuenta con ustedes, que he estado dándoles todo mi dinero (debían ser 200 pesetas a la semana o yo que sé) para que hicieran con él lo que quisieran y ganaran dinero… una pregunta: ¿sacar dinero o ingresar dinero tiene comisión?»

«No tiene, no.»

«Perfecto, pues necesito sacar 2.500 pesetas en efectivo por favor.»

La señora hizo todo el trámite, tecleó decenas de comandos en su terminal del año 1999 y me hizo firmar un papel para confirmar que retiraba el dinero de mi cuenta.

Cuando tuve el dinero en la mano le dije:

«Ahora quiero depositar 2.500 pesetas en la cuenta que tengo escrita en este papel.»

No me acuerdo de la cara que se le quedó, pero tuvo que ser graciosa. Lo que sí recuerdo fue que no me dijo nada y se puso a ello. En un par de minutos estaba firmando otro papel con el ingreso de los billetes.

«Muchas gracias señora. ¿Sabe con quién puedo hablar para cerrar mi cuenta?»

[…]

Salí de la oficina del banco con casi 43.000 pesetas en el bosillo, todos mis ahorros de mi vida adolescente. También salí con una sonrisilla nerviosa, consciente de haberle dado un puñetazo en la cara al sistema bancario y su insaciable necesidad de exprimir al cliente.

Pero era muy joven.

¿Crees que me pidieron perdón o que al menos alguien se dignó a luchar por no perder un cliente de toda la vida? Ni un músculo movieron. Se limitaron a asegurarme que mi cuenta estaba cerrada y que ya no generaría ninguna comisión por mantenimiento. Ja.

Pero mira tú por donde aquí nos vemos 20 años después, recibiendo correos electrónicos de La Caixa diciéndome que quieren mi dinero (nunca borraron mis datos aunque se lo pedí explícitamente) y yo escribiendo reseñas negativas de su banco. ¿Quién perdió más con aquél comportamiento?

[…]

Volviendo a la historia, no tardé en cruzar la calle que me separaba de una oficina de otro banco. Resulta que publicitaba cuentas jóvenes sin comisiones hasta cumplir los 26 años, y allí me abrí una cuenta nueva e ingresé mi dinero.

Esto tampoco se cumplió con los años, pero eso ya es una historia para otro día.

Hoy las cosas han cambiado, pero muchísima gente sigue pagando comisiones en los bancos donde tiene su dinero. Si tú eres una de esas personas, que no te dé pereza, busca mejores soluciones.

Las comisiones bancarias en cuentas corrientes son cosa del pasado

Las únicas comisiones que pago son las de compra de nuevas acciones en el mercado bursátil, y son muy muy bajitas.

El dinero en metálico de mis gastos corrientes o del colchón para emergencias lo tengo en cuentas que no me cobran ninguna comisión por tenerlo. Espero que tú también…

Como es posible que sepas, me he movido bastante por el mundo y tengo cuentas repartidas en varios países, dependiendo de la moneda en que esté el dinero o de las inversiones que necesite hacer.

En España hay multitud ahora mismo, yo sigo con una cuenta en ING en la que tengo algo de dinero en euros para cuando hago compras allí cuando vamos a visitar a la familia.

También tengo cuentas en Revolut, la entidad que ha pasado a ser mi favorita con mucha diferencia. Cumple perfectamente con lo que le pido a cualquier empresa que tenga mi dinero: Cero comisiones para mi uso. Cero. Esto es gracias a que me da cuentas en distintas monedas y tipo de cambio oficial siempre. Ya me da igual comprar en Estados Unidos, México o Europa, lo que más me convenga en cada momento. Se están comiendo el mercado, échale un vistazo si te interesa, de verdad.

En México tengo un par de cuentas en distintos bancos también sin cargos, por aquello de diversificar y no pagar comisiones al retirar dinero del cajero. Ahora siempre hay uno que puedo usar. Además es bastante sencillo obtener un 7 o un 8% de interés con el dinero disponible, por lo que así mato dos pájaros de un tiro.

Y las comisiones en tarjetas de crédito, cero también

Especialmente en España tener una tarjeta de crédito no supone mayor esfuerzo que abrir una cuenta y por defecto en muchos lugares te asignan una de débito y otra de crédito. Por lo general no tienen asociadas comisiones pero tampoco beneficios a tener en cuenta.

Las que sí disponen de cositas, como pueden ser pases en salas VIP en aeropuertos, meses sin intereses, límite de crédito más alto o acumulación de puntos y millas suelen acarrear cuotas de mantenimiento anuales que no son nada baratas.

En América la cosa cambia radicalmente: aquí todo el mundo puede tener una tarjeta de crédito con su correspondiente anualidad. Límites de crédito estratosféricos, 24 meses sin intereses hasta si compras una barra de pan y promociones continuas en cualquier cosa que se les pase por la cabeza. Eso sí, ya no te las quitas de encima jamás en la vida.

Mis tarjetas de crédito

Pienso que son un arma de destrucción masiva, el mal personificado, así de claro.

Aunque lo cierto es que bien utilizadas, con un buen colchón financiero, una mentalidad férrea y un control completo de la economía personal son una herramienta más a tener en cuenta.

Yo tengo varias, tanto en España como en México.

Las utilizo para llevar un control de mis gastos y atrasar los pagos al mes siguiente mientras ese dinero me genera intereses, pero sobretodo por las ventajas que vienen con ellas: siempre que viajo lo hago esperando en salas VIP en los aeropuertos, me devuelven dinero en cash o en puntos para comprar otras cosas, puedo alquilar coches sin problema y el seguro lo cubre la tarjeta, etc.

… Y en ninguna he pagado una comisión en mi vida.

Si hago cuentas debo haberme ahorrado como 2.000 euros en comisiones en estos años 🙂

Pero déjame que te cuente cómo lo hago y ojalá te ayude a ti también.

La ingeniería financiera

El negocio de las tarjetas de crédito es increíble… por un lado les cobran a los vendedores un tanto por ciento cada vez que un cliente usa la tarjeta en su establecimiento, y por el otro cobran al cliente una anualidad bastante sustancial por el privilegio de usar la tarjeta.

Negocio redondo.

Pero conmigo no funciona. Siempre utilizo todos los recursos que estén a mi alcance para minimizar pagos, por lo que hago uso de la parte negociadora de la ingeniería financiera para aumentar mi productividad económica 🙂

En el caso de las tarjetas que tienen anualidad suelo utilizar tres técnicas:

  • Hablo con la entidad financiera para que me quiten la anualidad de forma indefinida. Si tengo un buen historial no suele haber problema por lo que me olvido del tema y a otra cosa.
  • Si no funciona la primera, paso a pedir una exención del pago para el año corriente. Solo me ha ocurrido en dos ocasiones y en una funcionó.
  • La última es cuando no funcionan ninguna de las dos anteriores: pido la cancelación de la tarjeta por no usarla tanto como me gustaría (por supuesto sí tiene movimiento). Entonces me pasan con un departamento que intenta captarme de nuevo y ahí me ofrecen no pagar la anualidad si sigo con ellos. En una tarjeta específica invierto 10 minutos al año por teléfono y me ahorro 130 euros de anualidad.

Nunca me imaginé lo que se puede conseguir en la vida una vez das el paso de pedirlo. Consejo: también funciona en los restaurantes. Y repito de nuevo: no te dé vergüenza ni pereza hacerlo…

Resumiendo

En el siglo XXI ya bien entrado, en la era de internet y la globalización… casi siempre hay un servicio gratuito que cumple con tus expectativas; tan solo hay que querer buscarlo y aprovechar sus beneficios.

Porque el dinero cuesta mucho de ganar para ir tirándolo por ahí, o por lo menos es lo que yo pienso. El minimalismo se compone de muchas vertientes y una de ellas es la económica, por lo tanto derrocharlo no parece la mejor opción.

Empecemos entonces por no engordar la cuenta de los meros intermediarios y paguemos las mínimas comisiones posibles, o ninguna. Y si por el camino se quedan negocios que no han sabido adaptarse a los tiempos que corren y ya no pueden seguir viviendo a costa de los demás… pues que de facto perezcan.


¡Es tu turno!

¿Pagas algún tipo de comisión financiera? ¿Cómo llevas el tema de las tarjetas de crédito? Déjanoslo en los comentarios o si tienes una opinión propia nos encantará seguir el debate.

Daniel Barcelona

Daniel Barcelona

Librepensador jubilado antes de los 40.

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